4G en Argentina: ¿En manos del Estado o de los privados?

Las políticas proteccionistas y un Estado interventor en los negocios de los privados genera una combinación de falta de interés por parte de las operadoras y limitaciones a la hora de decidir cómo implementar esta nueva tecnología. Un repaso por los antecedentes y futuro del 4G.

Velocidad, velocidad y más velocidad. Eso es lo que responde cualquier usuario del mundo al que se le pregunte que le gustaría que su smartphone pueda lograr. En Argentina, la realidad le da un cachetazo a las ambiciones de los usuarios y la respuesta cambia a un resignado "me conformo con conectarme".

Los males que aquejan a los usuarios de servicios de datos en el país, parecían haber encontrado la solución con la implementación de la Portabilidad Numérica, el salvoconducto que permitiría a los usuarios huir de las garras de sus abusivos prestadores de servicio y caer en las manos protectoras de benévolos competidores que resolverían todos sus problemas... Pero no fue así.

La portabilidad destrabó una legislación que las operadoras habían ganado en toda la región durante su arribo a principios de los '90, por la cual podían garantizarse un ciclo de altas de nuevas líneas permanente. Pero no solucionó ningún problema, ya que la poca adhesión (menos del 6% de las líneas activas migraron a un nuevo operador) y la sospecha en el aire de un acuerdo entre operadoras para "intercambiar rehenes" terminó de desalentar a los usuarios.

Con este panorama, el Gobierno licita un espectro cedido por Movistar y que ya no utilizaba por ser una licencia obtenida en la fusión con la ex Unifón local. Era el comienzo del gran salto, ya que ese espectro cedido era apto para desplegar tecnología 4G. Pero, acostumbrados a vivir nuestras vidas atravesadas (no sin dolor) por la política y la economía, la noticia de la decisión del Gobierno de intervenir en la licitación, y autoadjudicárse el espectro con el argumento de "evitar una posición dominante o monopólica por parte del ganador, no nos tomó de sorpresa sino que nos sumó una resignación más a las tantas logradas estos últimos años en materia tecnológica.

El único candidato a adquirirlo y que cumplía con todos los requerimientos técnicos exigidos era Claro, operadora que ya ofrece un servicio capciosamente llamado "4G", pero que en realidad sólo ofrece HSPA+, servicio que es rápido, de hecho, lo más rápido a nivel móvil del mercado local (5mbps de bajada y 25mbps de subida), pero no entraría dentro de lo técnicamente especificado a nivel internacional como 4G o LTE.

Para equilibrar el mercado y no permitir que un único prestador de servicios lo domine a su antojo, la solución del gobierno fue suspender la licitación del espectro y crear su propia operadora de internet móvil (Arsat), para vender productos a través de Libre.ar, su marca comercial.

Este "equilibrio" no sólo demostró que el Estado tiene un gran interés en el crecimiento de esta nueva tecnología, lo que aparentemente debería ser beneficioso para los usuarios, sino que también clarifica una política estatal que podría dejarnos en el futuro sin 4G: intervenir y regular a los prestadores privados.

Sin frecuencias para licitar no habrá 4G ni se podrá descomprimir el actual escenario de saturación de consumo de datos, algo que le cuesta a las operadoras millones en demandas y reclamos por incumplimiento de prestación de servicios. Pero sin espectro tampoco se puede hacer nada.

Según este cuadro publicado por la consultora en telecomunicaciones Carrier y Asociados, el espectro actual de la Argentina, incluso, los 170Mhz pendientes de licitar y sin fecha estimada para hacerlo, están muy por debajo de lo recomendado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones para un despliegue correcto de servicios móviles, incluso, por debajo de los asignados por Brasil y Chile, dos países que comienzan a dar sus primeros pasos en esta tecnología.

La decisión del Estado de competir mano a mano con las operadoras privadas pero poniendo sus propias reglas, está generando un desvío de las inversiones de los privados hacia otros países como Chile, Brasil y Colombia, donde ya se ofrecen servicios y dispositivos.

¿Qué éxito podría tener la tecnología 4G en este panorama actual? En el corto plazo la respuesta es desalentadora: Poco y nada, y por varios motivos.

El 4G tendrá que esperar...bastante

La actualidad y en parte la portabilidad numérica también, nos mostraron que la problemática relacionada con la saturación del servicio de telefonía móvil es generalizado y alcanza a todas las operadoras. A pesar de que ninguno de los cuatro más grandes (Claro, Movistar, Personal y Nextel) han cumplido ni un sólo año con las inversiones prometidas desde sus inicios, tampoco estas inversiones podrían milagrosamente resolver los problemas de conectividad, en un país donde las restricciones de espectro y las burocráticas limitaciones para la instalación de nuevas antenas, hacen que todo avance con el freno de mano puesto.

Para lograr construir una red 4G se necesita un espectro más amplio (que el Estado no licita) y la instalación de una densidad de antenas mayor a la de las actuales redes 2G y 3G (que tampoco pueden ser instaladas sin autorización del Estado ni de los organismos ambientales que miden su impacto).

¿Sirve este tipo de equilibrio de mercado cuando las reglas las pone sólo una parte de acuerdo a intereses parciales contrarios a lo que dictan los avances tecnológicos a nivel regional? ¿Es bueno proteger a un consumidor del abuso de una corporación pero al costo de dejarlo con servicios saturados y obsoletos, con años de atraso?

Las principales operadoras del país, Claro, Movistar y Personal, no hicieron declaraciones al ser consultadas, bajo el argumento de que "no tenemos nada nuevo para comentar sobre el tema", algo que parece en parte no tenerlas preocupadas, aunque estimamos que si debe estar en la agenda de cada una de ellas para los próximos años.

Hace un año atrás, Personal informó que estaba haciendo pruebas y que poseía instalaciones y tecnología para desplegar redes LTE, por lo que especulamos con que algunos de estos ensayos sean el punto de partida para el lanzamiento de los primeros servicios relacionados.

And the winner is...

De momento, al estilo de las grandes loterías, deberíamos decir "pozo vacante", ya que ninguno de los actores de este proceso de cambio es el dominante en una disputa donde la puja de intereses cruzados está haciendo que nadie gane dinero y que los usuarios cada vez más sufran las consecuencias de un mercado saturado y que ya no puede ofrecerle prestaciones apenas decentes.

El Estado como regulador, partícipe y proveedor de las leyes y frecuencias de espectro necesarias para que las operadoras puedan desplegar sus inversiones, sólo deja abiertos en el corto plazo, dos caminos bastante desalentadores: o convertirse en un proveedor mayorista de servicios de datos (algo que se sospecha que el Estado argentino piensa hacer con el 25% del espectro que no licitó y adjudicó a Arsat), o convertirse en un canal de ventas minorista de los productos que Libre.ar comercialice, algo que dejará un nivel de ganancias bajo y un muy pequeño margen para decisiones estratégicas de mercado.

La incertidumbre de no saber cuándo se licitarán los espectros necesarios y de qué forma se permitirá desplegar antenas y servicios, pone al 4G en Argentina en un punto cero de avance y sin expectativas en el corto plazo para que comience a dar sus primeros pasos. Si la implementación y puesta en marcha de la actual red 2G y 3G local llevó poco más de 5 años ¿qué podemos esperar para los próximos años teniendo en cuenta que nos acercamos a un período electivo?

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